La angustia del octavo mes

 


Alrededor del octavo mes, puede comenzar antes o después, los bebés empiezan a reconocer las caras más habituales de su entorno y a percibirlas como algo externo a ellos. Antes de esta fase, los pequeños no estaban capacitados para diferenciar su propio cuerpo del mundo exterior, lo percibían como un todo.

Esta fase se caracteriza por los llantos y enfados de los bebés ante la idea de tener que alejarse de su mamá o figura de referencia. Este proceso de maduración psicológica se explica porque el bebé reconoce que su vida dependió, hasta ese momento de su mamá (o su principal cuidador) que era el que satisfacía sus necesidades básicas como la alimentación y el descanso. Por eso al reconocerse separado de esa persona de cuidado es normal que sienta angustia y temor.


¿Qué hacer para ayudarlo?


• No dejarlo llorar sin prestarle atención. Tampoco dejarlo mucho tiempo solo en una habitación, lo recomendable es reaparecer por momentos para que pueda comprender que la mamá o la persona de cuidado no desaparece totalmente cuando no está en la habitación.

• Si llora cuando duerme o se despierta a mitad de la noche angustiado no sacarlo de la cuna. Porque vamos a estar gratificando actitudes negativas que pueden fomentar el trastorno del sueño. En cambio, podemos acompañarlo tranquilizándolo. Podemos hablarle, cantarle y acariciarlo hasta que se vuelvan a dormir.

• Dejar que el bebé acompañe a la mamá, no está mal que este un poco más pegote en esta etapa.
Ayudarlo a que entienda que le está sucediendo, el juego de esconder la cara y volver a aparecer lo ayuda a comprender que las cosas y las personas no desaparecen, aunque estén dentro del campo visual.

• Explicarles a familiares y amigos que el bebé está pasando una etapa de angustia y que deberán conquistarlo para acercarse a él. Hablarle y jugarle mientras el permanezca cerca de su mamá.

• Si por necesidad hay que dejarle al cuidado de otras personas, una buena idea es permanecer un ratito todos juntos para que los pequeños empiecen a coger confianza. Si se les deja con un completo desconocido puede que la angustia y el llanto sean muchísimo peores.

• Si a pesar de los esfuerzos la angustia persiste estaría bueno consultarlo con el pediatra.


• Muchos bebés, especialmente los más grandes, comienzan a apegarse a un objeto de transición, una manta o un juguete, que los ayuda a superar esta angustia.

Lo importante para superar esta fase es no agobiarse y ser conscientes de que es un proceso de maduración por el que es necesario que pasen. Los papás deberán estar preparados para los llantos continuos, incluso cuando se les deje con personas con las que antes sonreían como los abuelos o los tíos. Asimismo, durante la noche seguramente tengan más pesadillas. En cualquier caso, es un periodo transitorio que durará desde unos días hasta unos meses, dependiendo del niño.







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