Los osos olorosos

El oso Meloso y su amigo, el oso Buco, iban de paseo. De pronto Meloso dijo: -No me lo tomes a mal, Buco, pero tienes muy mal olor. ¿Cuánto hace que no te bañas?

 - ¡Justo estaba por decirte lo mismo, Meloso! En realidad, el que huele mal eres tú, y lo digo sin ánimo de ofender -respondió oso Buco.

 Comenzaron a discutir quién era el oloroso y después de un buen rato no lograron ponerse de acuerdo. Entonces Meloso propuso:

 -Mira, Buco, me parece que aquí hace falta alguien que nos diga cuál de los dos es el maloliente. Si no, vamos a terminar peleados.

 -Muy bien -contestó Buco-. Vayamos a buscar al zorro.

Y fueron. Cuando lo encontraron, Meloso le dijo:

 -Amigo zorro. Necesitamos de tu fino olfato para que decidas cuál de los dos es el que huele mal.

 - ¡Cómo no! -respondió el zorro, y comenzó a olfatear. Primero, a Meloso. Después, a Buco. Entonces dio su opinión:

 -Tienes razón, Meloso. ¡Buco tiene muy mal olor!

 Buco se ofendió mucho por las palabras del zorro, y le tiró un zarpazo que lo dejó desparramado por el suelo.

 - ¡Este zorro siempre me tuvo bronca -exclamó-. Busquemos a otro animal que nos diga la verdad.

 -De acuerdo -aceptó Meloso-.

 Preguntémosle al ciervo ese que viene hacia acá.

Los osos decidieron pedir una tercera opinión para resolver el asunto. Así que llamaron a un conejo que pasaba por allí y le pidieron lo mismo que habían pedido al zorro y al ciervo. Antes de responder, el conejo preguntó qué había pasado con ellos, que estaban desmayados.

 -El zorro dijo que yo olía mal, y de la bronca le di un zarpazo -contó Buco

  -Yo me enojé y le pegué al ciervo porque dijo que el oloroso era yo -continuó Meloso. 

El conejo se quedó pensando. "No puedo decir que uno es el oloroso, porque el otro me pegara. ¿Qué hago?". Finalmente, se le ocurrió algo...

 -Lo lamento, amigos -dijo-. Estoy muy, pero muy resfriado y no siento el olor de nada. Así que no voy a poder ayudarlos hasta que me cure. Les prometo que en unos días volveré, y les daré mi opinión. Mientras tanto, ¿por qué no aprovechan y se dan un buen bañito en el lago?

 Los osos se miraron, dijeron "¡Buena idea!" y fueron a zambullirse. El conejo echo a correr, y nunca más volvió a aparecer por el bosque de los osos olorosos.

                                       FIN


Cuento popular versión de la revista Genios
                  


 


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