Carnavales eran los de antes


 Allá arriba los monos saltaban de rama en rama.

Un poco más arriba los pájaros iban y venían como sin saber que hacer.

Más abajo el piojo y el sapo caminaban entre las flores del jacarandá que iban cayendo y hacían una alfombra de color sobre la tierra.

¿Y más allá?

Más allá daban vueltas el tapir y el tatú carreta, el oso hormiguero y el jabalí. Y en la laguna grande gritaban el chajá y las garzas blancas volaban y volvían a sentarse en el mismo lugar.

El sapo daba vueltas y vueltas con cara de pocos amigos.

-Lo veo preocupado don sapo, ¿Le anda pasando algo?

-Estoy pensando amigo piojo.

¿Se dio cuenta de que el tiempo está demasiado loco?

Nunca hizo calores tan fuertes.

Algo está cambiando y no es para bien.

- ¿Le molesta que le haga una pregunta?

Quiero saber si usted anduvo en algún carnaval.

- ¿Por qué se le ocurren esas preguntas?

-Porque cuando hace calor me acuerdo del carnaval…supongo que por eso del calor, se juega con agua. Pero, usted, ¿Conoce el corso?

-No me hable de eso, don piojo, que me comienzo a enojar. Corsos eran los de antes.

¡Qué carnavales, que disfraces, que serpentinas!

Yo los supe conocer cuando anduve por Buenos Aires.

- ¿Y usted se disfrazó alguna vez?

-Me acuerdo cuando me disfracé de tigre. ¡Estaba tan bien disfrazado!

Eran un concurso de disfraces y todos me aplaudían a rabiar.

El sapo suspiró y miró para arriba y vio a los monos que saltaban de rama en rama sin preocuparse de nada.

- ¿Cómo le fue?

-Mal.

- ¿Mal? ¿No dice que estaba tan bien disfrazado?

-Por eso mismo. Me tuvieron tres meses en el zoológico creyendo que era un tigre que se había escapado.

-Pero don sapo con sacarse el traje estaba todo arreglado.

- ¡Y qué cree que hice? Pero dijeron: ¡Qué tigre más pícaro se disfrazó de sapo!


Gustavo Roldán

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